CODEX CALLIS IANVS
LIBER I
EL SEÑOR DE LA LUZ

                                                                                   -I-                                                                                   
ANU
En el principio de la historia, durante la civilización del Sumer (4.500 a.C.) el dios Anu, que tiene el origen de su nombre en la palabra "an" que significa cielo en sumerio, tuvo un papel principal en el panteón como demiurgo y dios original del universo.
Su culto queda reflejado en el mito de la creación: al principio de los tiempos, el mundo era un caos dominado por Tiamat, la diosa del mar (el mar era signo de caos y destrucción para un pueblo que no tenía ningún conocimiento de navegación) y fue Anu quien la derrotó y, con su cuerpo, creó el universo. Esta victoria le otorgaba la preeminencia sobre los otros dioses sumerios.

Anu es el más viejo de los dioses babilónicos, el padre de todos y el dueño de la regla del cielo y del destino, el dios solar que, con su fuerza y poder, hizo posible la creación.


SIMBOLO DE ANU

Su reino era la extensión de los cielos; su símbolo, una rueda solar con cuatro rayos ondulados en sus diagonales; su número sagrado el 60 - base del sistema numérico sumerio -, es decir, se representaba como la perfección absoluta; su ideograma, en caracteres cuneiformes, servía también para describir la palabra "dios". En la tradición babilónica estaba unido a la diosa Antu y el centro de su culto fue la antigua ciudad de Uruk.

El dios tenía astronómicamente asociado a su culto el "Sendero de Anu", la región de la bóveda celeste coincidente con el ecuador y comprendida entre ambos trópicos.

La posición de los astros del cielo estaba dividida en tres regiones celestes y, cada región, pertenecía a una de las divinidades de una tríada sagrada formada por los dioses principales del panteón: Enlil, Anu y Ea.

Las estrellas de Enlil, dios del aire, eran las situadas al norte del Trópico de Cáncer; las de Anu, dios del cielo, las comprendidas entre los dos trópicos y las de Ea, dios de las aguas, aquellas situadas al sur del Trópico de Capricornio.
La sucesiva presencia de las estrellas en la bóveda celeste, a lo largo del año, describía para los sumerios, los tres senderos celestiales: al norte, el sendero de Enlil; al sur, el de Ea y, entre los trópicos, indicado por el ecuador, el sendero de Anu.

El significado simbólico del sendero de Anu era similar al de un mapa celeste que permitía descifrar la realidad cósmica. El sendero de Anu marcaba la dirección hacía el oeste, entre los dos trópicos; su sentido permitía comprender el caminar del dios solar durante el día y donde éste residía en la noche, indicando la casa del dios principal, su sendero representaba un camino iniciático de comprensión sobre sus misterios.

El año solar sumerio se iniciaba en el mes de Marzo. Fueron ellos quienes determinaron la división del año solar en 12 meses y, para ellos, el ciclo solar comenzaba el 25 de Marzo, fecha del equinoccio de primavera y el momento en que, en el horizonte del sendero de Anu, se podía observar al planeta Venus. Este planeta, que brilla como una estrella con luz propia, era el que marcaba, con su presencia en el horizonte, el inicio del año solar y el inicio del sendero celeste de Anu en la noche, correspondiéndose con la posición equinoccial del Sol durante el día.


ESTELA SUMERIA

El sendero de Anu señalaba en el cielo el calendario sagrado de las fechas del dios. Estos hitos se recogían en los "Enuma Anu", de los que se han encontrado más de 7.000. Eran observaciones de fenómenos celestes y conocimientos astronómicos (salidas de estrellas, conjunciones planetarias, meteorología), y donde se recogían varias salidas y puestas heliacas de Venus así como varios eclipses de Sol.

El sendero de Anu se presentaba como un camino de conocimiento y saber para sus devotos, que tuvieron su santuario más importante en la ciudad sagrada de Uruk. Su templo se encontraba situado en el centro de la ciudad, en la cima del zigurat y únicamente el sumo pontífice tenía acceso a ese lugar: la cúspide del edificio, donde realizaba el ritual sagrado de Anu, dios del cielo.

Las ciudades eran entendidas como puertas que permitían la comunicación con el dios y a través de sus templos, el sacerdote, como mediador, hablaba con éste. Durante la civilización babilónica, Anu tuvo su templo principal en Babilonia, nombre que significa "puerta del cielo". En su zigurat, la torre de Babel, se había construido el lugar en donde los hombres se comunicaban con su dios.

                                                                                                                                          

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