CODEX CALLIS IANVS
LIBER I
EL SEÑOR DE LA LUZ

                                                                                   -III-                                                                                   
APOLO
Apolo, dios de la música, de las artes y de la poesía, primitiva divinidad solar, como lo demuestran los calificativos que ordinariamente se le atribuyen: FoiboV (Fóibos), el Brillante; LukeioV (Lýkeios), el Luminoso; XanqoV (Xanzós), el Rubio; CrusokomhV (Jrysokómes), el de la Rubia Cabellera.

Nacido en Delos, "la Isla Brillante", de Zeus, dios de la Luz, y de Letona, personificación de la noche.

Apolo, el dador de luz, dios solar, el de los rayos ardientes, arquero celeste, dios alejador de males que curaba las enfermedades, dios de la música: su habilidad en tocar la lira no tiene rival.


APOLO
Estas habilidades artísticas del dios se fueron generalizando y terminó siendo el dios de todas las artes, de las cuales las musas eran la encarnación y fueron consideradas como emanación de la divinidad.

Sus fiestas se celebraban en primavera y en otoño y se distinguían por su carácter artístico y cultural.

De la misma manera que, en el mundo antiguo, se concebía al Sol como el que daba la luz, a Apolo se lo percibió como el dios que logra encender la luz interior. "Conócete a ti mismo" era la inscripción a la entrada de su templo en Delfos, y esto realzaba la importancia que tenía el dios como símbolo de la conciencia. A este dios no se lo entendía como al Sol físico que se ve en el cielo, él era el portador del Sol, el que lo llevaba del este al oeste cada día en su carroza de oro. El Sol físico era lejano e intocable; era "lo Unico", la esencia de la vida misma, imposible de alcanzar o de comprender acabadamente.

Apolo es también el cosmocrator, el "Dueño del Mundo", el centro alrededor del cual gira el sistema solar. Es así como, a menudo, el arte antiguo suele retratarlo, como sosteniendo la rueda del zodíaco, ya que éste es el símbolo de la eclíptica -el camino aparente que recorre el Sol alrededor de la Tierra-, una forma en sí imaginaria que refleja un ciclo de desarrollo y que se percibe, con el paso de las estaciones y en los multifacéticos ciclos de nuestra vida personal.

El zodíaco es una aportación sumeria que los griegos desarrollaron ampliamente y que coincide, en el tiempo, con el crecimiento del poder del culto de Apolo, que tuvo lugar en el siglo V a. C.

La Astrología y el culto al dios Apolo están muy ligados entre sí y ambos reflejan la misma percepción básica del orden cósmico. El movimiento sistemático del cosmos depende de la imagen de Apolo que lleva, el propósito y la inteligencia de la luz divina del Sol. Y es, gracias a su forma de razonar, por lo que logra mantener a los planetas en sus órbitas.

Apolo trae consigo a la cultura e inspira creativamente a los humanos, gracias a la intervención de las Musas.

Apolo, el profeta. Sus profecías están absolutamente emparentadas con el Sol astrológico. Por su relación intima con el astro solar, Apolo es capaz de ver, con antelación, lo que va ocurrir y enunciarlo a través de los adivinos de sus santuarios.

Apolo fue la divinidad a la que se dedicaron muchas de las nuevas colonias griegas, fundadas en la época clásica. Estas ciudades fueron sede de importantes templos del dios solar y algunas de ellas recibieron, en su honor, el nombre de Apolonia.

                                                                                                                                          

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