CODEX CALLIS IANVS
LIBER III
LOS MAESTROS

                                                                                   -I-                                                                                   
SUMER Y BABILONIA
La cultura súmera, en Mesopotamia, es la primera referencia en la historia sobre construcciones de caracter religioso: los zigurats, que se encontraban situados en lugares principales de las ciudades, y sobre los que eran construidos los templos a los dioses.

En la parte superior de estas pirámides de adobe, existía un pequeño templo, en el que se producía la conexión con el dios. El templo establecía así, en la tierra, un "centro" a partir del cual se refundía el cosmos, rememorando así el acto divino de la creación y construyendo los límites del espacio que, en virtud del rito, pasaba a ser sagrado.

En la ciudad de Babilonia ("Bab-ili", que quiere decir "Puerta de Dios"), de planta cuadrangular, existía, en su centro, un zigurat que ha pasado a la historia como la Torre de Babel. Esta torre, de planta cuadrada, era una construcción escalonada realizada con miles de ladrillos de adobe. Se accedía a su cima mediante rampas y escaleras, y en su parte superior existía el templo, en el que se producía el ritual relacionado con el cosmos, con el Sol y con las estrellas.


ZIGURAT

La construcción de esta torre de ladrillo fue posible gracias al conocimiento de la construcción que tenían los arquitectos sumerios. Cabe señalar que, en Mesopotamia, el arquitecto es el maestro que, de manera completa, conoce las ciencias elementales que permiten la construcción del templo, es el que conoce la técnica para su construcción, no es quien realiza el culto, asunto del que se ocupaban los sacerdotes.

La función de ambos personajes estaba muy bien delimitada. Los arquitectos son los primeros obreros, los maestros de obras que conocen las técnicas de cómo debe realizarse la obra, son los constructores iniciados en la Ciencia Sagrada.

Los arquitectos sumerios alcanzaron un elevado conocimiento de diversas disciplinas para conseguir la correcta realización de sus ciudades y templos. A día de hoy, se sabe que conocían la geometría, la aritmética, la escritura, la astronomía, la astrología, la estática, la mecánica y que además, para poder ejecutar sus proyectos, debían de dominar, lo que hoy conocemos como un correcto aprovechamiento de recursos naturales y humanos.

Los maestros sumerios estudiaron las estrellas y dividieron el año en 12 meses, determinaron los 12 signos zodiacales, las 12 horas del día y las 12 horas de la noche, los sesenta minutos de cada hora y los 360 grados del circulo. Para los sumerios el 12 era el número del universo. Contaban señalando con el pulgar, las doce falanges de los otros cuatro dedos de la mano, y marcaban los múltiplos de doce, con los cinco dedos de la otra, de modo que el mayor número que podían contar con los dedos, era 60. Para ellos el número 12 se encontraba también en la mano del hombre, la mano del obrero que construía la puerta a los dioses y el número 60 era el que representaba la perfección.

Los arquitectos sumerios construyeron sus ciudades y templos con ladrillos de adobe, millones de ladrillos realizados con el único material del que disponían en su tierra: el adobe, formado por arcilla y agua, materiales que son la fuente de su cultura y la base de todas sus creencias. Los arquitectos sumerios no utilizaban la piedra, pues no disponían de ese material.

La sociedad sumeria determinaba, de manera clara, las diferentes funciones de las clases dirigentes: el rey, el sacerdote y el arquitecto. Estos últimos, gracias al estudio de las disciplinas enumeradas anteriormente, podían llevar a cabo, con éxito, la construcción de sus torres zigurat, que facilitaban a los sacerdotes la conexión con sus dioses.

Anú era el dios del cielo y tenía su santuario más importante en la ciudad de Uruk. Su culto queda reflejado en el mito de la creación: fue Anú quien, con su cuerpo, creó el Universo. Esta victoria era la que le otorgaba la preeminencia sobre los otros dioses. En el templo, situado en la cima del zigurat, el sacerdote realizaba el ritual a Anú, dios del cielo.

El arquitecto sumerio es el primer obrero; el que, por el estudio del cosmos en su manera más amplia y plena, conoce como construir (y no necesariamente con piedra) la puerta a lo celestial. Y Anú, el dios solar y dueño del universo, es, a su vez, el protector de los sabios que conocen como interpretar el cosmos y como construir los templos como puertas al cielo.

Este camino de iniciación que los candidatos a arquitectos debían de realizar para adquirir el conocimiento de la Ciencia Sagrada recibía el nombre de "Sendero de Anu". El proceso mediante el estudio y bajo la supervisión de un maestro que les permitía obtener el saber necesario para ser los obreros de Dios.

                                                                                                                                          

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