CODEX CALLIS IANVS
LIBER IV
EL REY DEL MUNDO

                                                                                   -V-                                                                                   
EL REY DEL MUNDO
Octavio Augusto tiene pleno conocimiento en vida de que encarnaba la profecía de ser "El Elegido" por los dioses entre los hombres.
Esta leyenda fue especialmente desarrollada en la época de Augusto, y tuvo su origen en los círculos neopitagóricos, particularmente por P. Nigidio Figulo, que fue el Gran Maestre de la cofradía de la "Ciencia Sagrada", durante el nacimiento de Octavio. Con el impulso del renacimiento, inaugurado por Octavio Augusto, se fue abriendo paso la creencia de que aquel reinado bien podía anunciar algo, como una nueva Edad de Oro. De esta creencia se hizo eco Virgilio, en la célebre Égloga IV de sus Bucólicas, en la que canta el regreso de la Virgen Astrea:
"La gran serie de siglos comienza de nuevo.
De vuelta está la Virgen, de vuelta el reino de Saturno...."

Todo este poema está bañado de la atmósfera de los círculos neopitagóricos, de los que formaba parte Virgilio, y que creían en la cercana regeneración de la humanidad. Para los espíritus místicos del siglo de Virgilio, aquella época era realmente el fin del "Gran Año", cuyas dolorosas transformaciones iban a engendrar la nueva Edad de Oro relacionada con el regreso de Astrea, la Virgen de la Justicia.
La profecía que proviene de la tradición primordial señalaba a "El Elegido" como el que conoce los acontecimientos del porvenir, dirige las causas de esos acontecimientos, y puede hablar a Dios cara a cara, esto quiere decir que ocupa el punto central donde se establece la comunicación directa del mundo terrestre con los estados superiores y, a través de éstos, con el Principio Supremo.

Octavio había sido nombrado Príncipe, por el Senado romano, en el año 28 a.C. y Augusto en el 27 a.C. Literalmente Príncipe Santo, o Sagrado.
El gobierno del Imperio era dirigido con la colaboración del Consejo del Príncipe, en el que, como principales voces y "guardianes", figuraban Marco Agripa y Cayo Mecenas y, como máxima autoridad, en cuanto a lo tocante al culto, los Pontífices. (colegio sacerdotal sobre el que giraba el culto romano y que vigilaban: la correcta ejecución de los templos y lugares sagrados; los cultos en ellos practicados e incluso las ofrendas en ellos presentadas. Se les confiaba especialmente, la custodia del templo de Jano).


AUGUSTO COMO SACERDOTE
Los Pontífices elegían entre ellos al "Pontifex Maximus", que era un cargo vitalicio y que estaba considerado como el auténtico jefe de la religión en Roma: controlaba a todos los demás colegios sacerdotales.
Octavio Augusto fue propuesto, en varias ocasiones, al cargo de Pontífice Máximo pero él declinó la oferta, por estar todavía en ejercicio su antecesor: Lépido, elegido a la muerte de Julio César.
En el año 12 a.C. el destino alcanzó a Octavio Augusto y la profecía de Nigidi Fígulo se realizó. En los primeros meses de ese año fallecieron Lépido, "Pontifex Máximus" y Marco Agripa, "Gran Maestre" de la cofradía de la Ciencia Sagrada. Ambos cargos, vacantes, fueron determinados en la persona de Octavio Augusto.
Octavio alcanzó el título iniciático y con carácter esotérico del "Rey del Mundo", el Emperador, equivalente a al de "Señor de los tres mundos", ya que, en toda jerarquía verdadera, el que posee el grado superior posee, al mismo tiempo y por eso mismo, todos los grados subordinados, y estos "tres mundos", los dominios que corresponden respectivamente a las tres funciones que anteriormente enumeré.

Octavio, a partir del año 12 a.C., se hizo coronar por el radiate, corona de luz cedida por Apolo, su padre. Octavio Augusto irradia Luz divina y a la vez realiza la función de legislador único, como delegación del poder que le designa.

AUGUSTO CORONADO POR LA LUZ
Este poder se ha dado a Octavio Augusto por la voluntad de  
.   es el dueño y causa del  , como su aliento y causa de todas las cosas. El   es la fuente indiferenciada de la que surgen Mito y Logos.   es, el que subsiste por sí mismo, el Logos eterno.
La palabra   posee la clave de la repartición jerárquica de las funciones entre el Príncipe y sus dos asesores, tal como ya lo hemos indicado.
Según la tradición, las cuatro letras de este monograma sagrado simbolizan respectivamente los tres mundos que invocan a la Luz.
Los tres términos: la Tierra, la Atmósfera y el Cielo, es decir, el mundo de la manifestación corporal, el mundo de la manifestación sutil o psíquica y el mundo en modo principal no manifestado, que es necesario reunir para la invocación de la Luz.
 , Señor de todas las cosas, el omnisciente (que ve en modo inmediato todos los efectos en su causa), el ordenador interno (que reside en el centro del mundo y le rige desde dentro, dirigiendo su movimiento sin participar en él), la fuente (de todo poder legítimo), el origen y el fin de todos los seres (de la manifestación cíclica, Ley a la que representa).
Octavio reúne en su persona la Tríada de  , los tres jefes del  . El Arkhon, el que ofrece a la Luz el oro y le saluda como "Rey"; el Arkhiereos, que le ofrece el incienso y le saluda como "Sacerdote"; y finalmente, el Arkhitekton, que le ofrece la mirra y que le saluda como Maestro.
La invocación ofrecida así a  , desde los tres mundos que son sus dominios respectivos, por los representantes auténticos de la tradición es, al mismo tiempo, la representación del monograma sagrado.

La letra CHI, como aliento de Dios. La escritura de la Luz por la Luz misma.
La letra ALFA, como un COMPÁS trazando sobre papiro. Símbolo del Maestro.
La letra RHO, como un BASTÓN de mando. Símbolo del Príncipe.
La letra OMEGA, como un PUENTE de dos ojos. Símbolo del Pontífice.


TETRAGRAMA
SIMBOLO DEL PRIMERO
ALFA - RHO - OMEGA
COMPÁS - CALLADO - PUENTE
PUERTA - LLAVE - BARCA
MAESTRO - REY - SACERDOTE
INTELIGENCIA - CORONA - SABIDURÍA
TIERRA - HOMBRE - CIELO
MIRRA - ORO - INCIENSO
JANUA - PIEDRA - ESTRELLA
TEMPLO - REINO - ARA

Es, a partir de este momento, cuando Octavio Augusto, como nuevo Rey del Mundo, debe presentarse directamente a la Luz y es, a partir de este momento, cuando debe ser llevado a cabo el encargo recibido por Agrippa (unos años antes) de escribir un tratado que permita, a través de su conocimiento de la Ciencia Sagrada, el retorno a La Fuente, al Origen, al  .
Octavio Augusto como "El Elegido", como un nuevo Eneas, como un nuevo Rómulo, debe establecer en la tierra un nuevo centro, a partir del cual se repita la cosmogonía. Debe establecer una nueva fecundación de la tierra virgen por el espíritu divino, como unión de contrarios en la unidad. Debe de fundar una nueva ciudad que equivalga a una refundación del Cosmos, repetir la cosmogonía, una refundación como matrimonio sagrado entre la tierra a ocupar y la otra Tierra prototípica, celeste e Ideal; la ciudad de abajo se estructura a imagen y semejanza de la de arriba, y así, ese trozo de tierra sacralizada pasará a ser el nuevo Centro del Mundo, Templo a cielo abierto, el habitáculo de  , la "presencia real" de la Divinidad.

                                                                                                                                          

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