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La fundación de la ciudad
La salubridad de los elementos

Libro I - Capítulo IV
He aquí los principios fundamentales en la construcción de las murallas. En primer lugar, se seleccionará un terreno totalmente favorable: un terreno elevado y abierto, despejado de nieblas y con una orientación que no sea ni calurosa ni fría, sino templada; se evitará, además, la proximidad a terrenos pantanosos, pues al amanecer, cuando las brisas matutinas llegan a la ciudad, esparcen el olor de las bestias que viven junto a los pantanos -un olor nauseabundo- entremezclado con la niebla que llega hasta los mismos habitantes, quienes, al inhalarlo con su aliento, sufren las consecuencias que ocasiona un terreno insalubre y pestilente. De igual modo, tampoco será salubre la ubicación de las murallas junto al mar, orientadas hacia el mediodía o hacia el occidente, pues cuando lleguen los calores del verano, al amanecer el calor es fuerte y al mediodía abrasará; de igual modo, sí su orientación es hacia el occidente, al amanecer el Sol calienta ligeramente, al mediodía agobia y al atardecer será ardiente. En consecuencia, por tales cambios de temperatura, de calor y de frío, los seres animados que habitan en estos lugares acaban alterándose. También es válido incluso para las cosas inanimadas. Efectivamente, nadie debe orientar hacia el sur ni hacia el poniente, sino hacia el norte las bodegas de vino cubiertas, pues esta orientación mantiene siempre una temperatura constante e invariable. Lo mismo sucede con los graneros que, orientados hacia el curso del Sol, rápidamente alteran las buenas condiciones de las vituallas y de los frutos, que, al no estar colocados en una exacta orientación, sino opuestas al curso del Sol, no se conservan durante largo tiempo. Así es, cuando el calor abrasa, con sus radiaciones elimina la consistencia de las substancias, con sus cálidos vapores va absorbiendo sus propiedades naturales, y, por efecto del calor, las debilita y las atrofia. Fenómeno que también advertimos en el hierro, pues, aunque es un mineral duro por naturaleza, cuando en las fraguas se pone al rojo vivo, por efeto del fuego se hace moldeable, de manera que se puede forjar con facilidad cualquier forma. Si estando al rojo vivo y siendo moldeable, se enfría templándolo con agua fría, de nuevo se vuelve duro y adquiere sus propiedades naturales.

Podemos pensar en la autenticidad de tales fenómenos, debido a que en el estío todos los cuerpos se debilitan por el calor, tanto estén en lugares pestilentes como en lugares saludables; e incluso durante el invierno, las zonas que son pestilentes se vuelven saludables ya que se hacen más consistentes, como consecuencia del frío.

Exactamente igual sucede cuando las personas se trasladan desde regiones frías hacia regiones cálidas: no pueden mantenerse inalterables, sino que se debilitan. Por el contrario, los que desde regiones cálidas se trasladan a zonas frías del norte, no sólo no enferman con el cambio de lugar, sino que se robustecen. Por todo ello, debe ponerse sumo cuidado en la ubicación de las murallas, alejándolas de aquellas zonas que puedan esparcir aires cálidos hacia sus habitantes. De acuerdo con los principios o elementos primarios, en griego stoichea, todos los cuerpos se componen de fuego, agua, tierra y aire que, al mezclarse entre sí según su temperatura natural, conforman las propiedades de todos los seres animados, hablando en términos generales.

Por tanto, cuando el calor sobrepasa los límites naturales destruye y disuelve con su ardor los otros elementos naturales; tales anomalías son también una consecuencia de un clima férvido, en algunas partes concretas: el calor afecta a las venas superficiales con más intensidad de la que puede soportar el cuerpo, de acuerdo a su temperatura natural, según la mezcla que lo compone. Si el agua llena las venas del cuerpo y logra que sean desiguales los otros tres principios, éstos se desvirtúan, corrompidos por el elemento líquido y, en consecuencia, se anulan las cualidades que poseían debido a su composición o mixtura. Los mismos efectos ocasiona el enfriamiento de las brisas y del agua, que provoca alteraciones en el cuerpo. De igual modo, si se aumenta o disminuye la composición natural del elemento tierra o del elemento aire, se consigue un debilitamiento de los otros elementos básicos: los terrenos, con copiosas y excesivas comidas y los aéreos con un clima excesivamente duro.

Si se quisiera observar todo esto sensorialmente y de un modo preciso, basta constatarlo y prestar atención a la naturaleza de las aves, peces y animales de tierra; así, se percibirá la diferencia de temperatura y de composición. Las aves poseen una determinada mixtura, otra los peces y otra muy distinta los animales de tierra. Los animales alados poseen menos elementos de tierra y de agua, un moderado calor, pero mucha cantidad de aire y, en consecuencia, al estar compuestos de elementos ligeros se elevan en el aire con toda facilidad. Por otra parte, los peces poseen una temperatura templada con gran cantidad de elemento aire y tierra y muy poco de elemento agua y, precisamente porque tienen poco elemento liquido, con toda facilidad subsisten en el agua y cuando son sacados a tierra mueren, justo al abandonar el agua.

Por la misma razón, los animales terrestres poseen menor cantidad de tierra y muchísima de agua, ya que tienen una temperatura templada por el aire y el calor; precisamente porque en ellos abundan las partes húmedas, es imposible que pervivan dentro del agua durante largo tiempo.

En conclusión, si las cosas son realmente como les hemos expresado, si percibimos que los cuerpos de los animales están compuestos de tales principios o elementos y si pensamos que éstos se debilitan y mueren debido a un exceso o a una deficiencia de elementos, no tenemos la más mínima duda de que es muy conveniente buscar con todo interés la ubicación de las murallas, con el fin de elegir zonas más templadas, puesto que lo que perseguimos es la salubridad en la disposición de las murallas. En mi opinión, se debe volver insistentemente a la teoría de los autores antiguos. En efecto, éstos al inmolar animales que habían estado pastando en parajes donde se levantaban fortalezas o campamentos fijos, examinaban sus hígados y si los encontraban amoratados y enfermos, inmolaban otros animales ante la duda de sí estaban enfermos por alguna indisposición, o bien por tomar pastos en mal estado. Como eran muy expertos, cuando veían que los hígados estaban sanos, por alimentarse de agua y de pastos, precisamente en ese lugar levantaban sus fortificaciones. Si hallaban los hígados enfermos, por lógica trasladaban tal situación a los humanos, en el sentido de que en esos mismos parajes con el tiempo se iba a producir abundancia de agua insalubre y de alimentos nocivos y, así, se iban a vivir a otro sitio, buscando ante todo la salubridad.

Podemos concluir que si la tierra es saludable para el pasto y el alimento, sus propiedades son también salubres, como vemos en las tierras de la ciudad de Creta, cerca del río Potero, que fluye entre las ciudades de Cnosos y Gortina. A derecha y a izquierda del río pacen los rebaños. Pero los que pacen cerca de Cnosos padecen esplenitis y los que pacen al otro lado, cerca de Gortina, no sufren tal enfermedad del bazo. Por esta circunstancia, los médicos buscaban el porqué de tal enfermedad y descubrieron en estos pastos una clase de hierba que, al rumiaría los rebaños, disminuía su bazo. Recogiendo precisamente esta hierba, sanan a los enfermos de bazo con este medicamento, que los cretenses denominan asplenon. Por ello, podemos conocer que las propiedades de los lugares son naturalmente insalubres o, por el contrario, salubres debido a sus pastos y a su agua. Si se van a levantar unas murallas en terrenos pantanosos, situados junto al mar y orientados hacia el septentrión, o bien entre el septentrión y el oriente, y si tales pantanos estuvieran en lugares más altos que el litoral del mar, entonces con toda tranquilidad se podrán construir las murallas. Se cavarán unos canales que verterán el agua en el litoral y, al subir el nivel del mar por causa de las mareas, se llenarán las lagunas con sus movimientos marítimos. Y se mezclarán sus aguas, lo que imposibilitará que nazcan animales lacustres y los que alcancen el cercano litoral nadando, al no estar acostumbrados al salitre, perecerán. Un ejemplo de lo que estamos tratando pueden ser las lagunas Gálicas, que están próximas a Altino, Rávena, Aquilea y otros municipios que, al estar muy próximos a estas lagunas, gozan de una extraordinaria salubridad. En otros lugares encontramos lagunas que no desaguan ni por medio de ríos ni por canales, como la laguna Pontina, cuyas aguas se corrompen exhalando unos vapores densos y pestilentes.

En Apulia, una antigua fortaleza llamada Salpis, fundada por Diomedes a su regreso de Troya, o bien, como relatan algunos escritores, fundada por Elfias de Rodas, había sido construida en estos parajes pantanosos, por lo que sus habitantes, al caer gravemente enfermos cada año, se acercaron a M. Hostilio y con suplicas consiguieron que les buscara y les eligiera una ubicación adecuada para trasladar allí su fortaleza. M. Hostilio, apoyándose en argumentos de peso, adquirió unas tierras junto al mar, en un lugar salubre, y pidió al Senado y al pueblo romano que le permitieran trasladar la fortaleza: levantó las murallas, parceló su superficie y por un sestercio vendió a cada habitante un solar para su casa. Realizadas estas gestiones, abrió un paso desde el lago hacia el mar y llevó a cabo la construcción de un puerto en el mismo lago para el municipio. Actualmente los habitantes de Salpis, alejados apenas cuatro mil pasos de su antigua fortaleza, habitan en un lugar salubre.

© carlosmontaña - 2005